Preparación de entrevistas · 7 min read

Entrevista informal con cafe: en realidad, la primera ronda

Te escribe la fundadora de una empresa un martes por la tarde: "Tomamos un cafe la semana que viene? Nada formal." Suena a lo contrario de una entrevista, y ese es el problema. Una entrevista informal con cafe es una evaluacion sin guion, y sale bien parado quien la trata como primera ronda.

Motivos por los que una empresa prefiere un cafe

Hay cuatro motivos habituales, y conviene adivinar el tuyo antes de sentarte.

  • Tantear el interes antes de abrir una vacante. Hay un presupuesto pendiente o una salida prevista. La responsable quiere conocer los perfiles disponibles antes de redactar ninguna oferta.
  • No hay proceso formal. Una pyme de veinte personas no tiene departamento de recursos humanos ni comite de seleccion. El cafe es el proceso, o su primera mitad.
  • Sondear a alguien que no busca. Tienes trabajo y no has enviado nada. Citarte a una entrevista supone demasiado, de modo que el cafe permite a las dos partes actuar como si nada pasara.
  • Comprobar el encaje antes de ocupar la agenda de un equipo. Las empresas grandes lo hacen igual: una persona te ve cuarenta minutos y evita que cuatro pierdan una tarde.

Nada de esto es casual para quien invita. Alguien ha decidido dedicarte una hora y se va con una opinion. Esa opinion se resume en dos frases, dichas a un socio o a una directora, y de esas dos frases depende que haya entrevista formal.

Si la persona que te invita puede contratarte, o influir en quien contrata, esa charla informal antes de la entrevista oficial ya es una entrevista. La taza no cambia nada.

Lo que evaluan cuando no hay guion

Una entrevista clasica tiene criterios. Una charla deja una impresion, y eso cuesta gestionarlo porque no ves lo que puntua. En realidad pesan cuatro cosas.

Tu manera de hablar de tu trabajo actual

Es la parte que delata, y casi nadie la ve venir. "Y por alli, todo bien?" es una pregunta amable y una prueba de criterio. Quien describe a su empleador con justicia, incluidas las partes que irritan, transmite confianza. Quien se desahoga se convierte en un riesgo: con el siguiente jefe va a hacer lo mismo.

La curiosidad

Preguntas cosas o esperas a que te pregunten? Con un cafe delante, tus preguntas son la mitad de la conversacion. Cuarenta minutos sin una sola pregunta te colocan entre los indiferentes.

Haber pensado en su negocio

No se trata de recitar la web corporativa. Se trata de tener una opinion: el tipo de cliente que probablemente atienden, lo que parece dificil de su actividad, el hueco que ocupa alguien con tu perfil. Puedes equivocarte. Una hipotesis concreta y equivocada vale mucho frente a una cortesia vaga.

La soltura al conversar

En una empresa de pocas personas la duda es directa: podemos sentarnos al lado de esta persona todos los dias? Escuchar cuenta tanto como hablar. Aguantar dos segundos de silencio sin rellenarlos, igual.

Preparar una cita sin lista de preguntas

No se pueden ensayar respuestas a preguntas que nadie ha escrito. En cambio, puedes decidir lo que quieres dejar en la memoria de la otra persona.

  1. Tres ideas para que las recuerden. Escribelas la noche anterior. Por ejemplo: has dirigido un equipo durante una migracion de sistemas, conoces su sector desde el lado del cliente y puedes incorporarte tras un preaviso normal.
  2. Dos historias. Un acierto, y un tropiezo con lo que has hecho despues. Breves, con una cifra o un resultado concreto. En una charla relajada solo sobreviven las historias; los adjetivos se pierden.
  3. Preguntas de verdad sobre el negocio. "Teneis previsto crecer en los proximos doce meses?" "Hay algo que os ocupe demasiado tiempo ahora mismo?" "Hay algun motivo para escribirme justo ahora?" La tercera suele aclarar el motivo real de la invitacion, entre los cuatro de arriba.
  4. Un minuto sobre lo que haces. No el nombre del puesto. Aquello de lo que respondes, las personas a las que sirve y lo que ha cambiado gracias a tu trabajo. Dilo una vez en voz alta antes de salir: la primera version siempre sale larga.

El dia de la cita

La cuenta. Quien invita suele pagar, y das las gracias una vez. Si llegas antes, pide y paga lo tuyo sin volver sobre el asunto. Ofrecerte a pagar es educado, insistir resulta violento. Nadie ha perdido un puesto por un cortado.

La puntualidad. Cinco minutos antes, no veinte. Llegar primero permite elegir una mesa lejos de la cafetera, detalle que importa cuando hay que oirse.

La ropa. Un escalon por debajo de lo que llevas a una entrevista en esa empresa. Si la entrevista pide traje, americana sin corbata. Si pide camisa, un jersey limpio basta.

El CV. No lleves un CV impreso salvo que te lo pidan. Ponerlo sobre la mesa cambia la temperatura de la charla y obliga a la otra persona a leer delante de ti. Tenlo listo en el movil para enviarlo esa tarde. Si lleva tiempo sin actualizar, una herramienta como Postulit genera uno limpio a partir de tu perfil de LinkedIn en pocos minutos.

Las notas. Una libreta encaja, un portatil no. Apunta nombres, fechas y lo que has prometido enviar. Si el tema es delicado, pide permiso antes de escribir.

La version en remoto: el cafe virtual

La logica es la misma, con menos margen. Un "cafe virtual" por videollamada suele durar entre veinte y treinta minutos, y no hay paseo hasta la barra que cubra un arranque lento. Prueba camara y sonido antes. Busca un fondo neutro, mira al objetivo cuando hablas y ten una taza real en la mesa, que ayuda a no parecer un acusado. Tus tres ideas van en un papel junto a la pantalla, no dentro.

La trampa: relajarse hasta la indiscrecion

El formato baja la guardia, a veces a proposito y casi siempre sin intencion. A los veinte minutos la persona te cae bien y las preguntas se vuelven amistosas: por tu jefe, por ese cliente grande que dicen que se ha ido, por tu sueldo.

A la primera, una respuesta justa y corta. A la segunda, lo confidencial sigue siendo confidencial, y decirlo con naturalidad te favorece: "De clientes no puedo hablar, pero te cuento en lo que he trabajado." Quien entrega los secretos de su empleador actual con un cafe delante entrega luego los del siguiente, y tu interlocutor lo sabe.

El sueldo merece una pausa. Nada te obliga a decir lo que cobras en una charla sobre un puesto que quiza no existe todavia. Una respuesta que funciona: prefieres entender primero el puesto y hablas de horquillas cuando lo haya. Si insisten y decides contestar, da la horquilla que aceptas, no una confesion.

Preguntar por el siguiente paso sin forzar, y escribir despues

No te vayas sin tener claro el siguiente paso, y tampoco conviertas los cinco minutos finales en un cierre de entrevista. Basta una pregunta ligera: "Me ha gustado la charla. Hay un siguiente paso por vuestra parte?" O, si nadie ha hablado de vacante: "Pensais contratar para esto o es pronto todavia?"

Fijate ademas en los indicios. Si te presentan a alguien del equipo, si hablan de fechas o te piden el CV, la charla ha pasado de curiosidad a proceso.

Escribe en las veinticuatro horas siguientes. Tres o cuatro frases: gracias por el tiempo, un detalle concreto de la conversacion, el CV adjunto cuando haya interes y el paso acordado. Manten el tono de la cita. Una carta solemne de agradecimiento tras un cafe desentona.

Para llevarte

La proxima vez que te propongan "un cafe, nada formal", acepta con gusto y prepara una hora igual que una entrevista: tres ideas, dos historias, varias preguntas de verdad y tu minuto de presentacion. Llega puntual, cuida la discrecion sobre tu empleador, pregunta por el siguiente paso y manda unas frases antes de la noche siguiente. Tomado como charla, el cafe te deja como alguien agradable. Tomado como primera ronda, puede abrir la segunda.

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